A Luisa la mataron por ser mujer: un dolor inconmensurable

María Alejandra Montoya Sánchez

Medellín, barrio Aranjuez. Sábado 7 de febrero de 2004. Después de tres días de incertidumbre, hallaron a Luisa. La búsqueda había terminado, pero el desconsuelo y el dolor de sus familiares continuará para siempre. El dictamen de Medicina Legal: “Acceso carnal violento y asfixia mecánica”.

La Negrita, así le decían de cariño todos en su familia a Luisa Fernanda Calle Marín, una joven de 15 años, cuyo mayor temor era perder a su mamá, pero hoy es su madre la que vive con su ausencia. “Ella era muy linda. Era alta, morena, delgada; su cabello era hermoso. Era muy cariñosa conmigo, por nada me abrazaba, decía que quería estudiar diseño de interiores, a ella le ¡encantaba!… Ella era muy alegre”, así la recuerda Luz Marín Muñoz, su madre. “Era muy temerosa de Dios y de los hombres; a pesar de eso, mire lo que le pasó”, lamenta su tía Yacquelín.

El miércoles 5 de febrero de 2004 parecía una noche normal, pero lo que la familia Calle Marín nunca imaginó es que en pocas horas la vida les cambiaría. Luisa se encontraba tranquila viendo televisión en casa de su tía Angélica, donde vivía. 

Pasadas las diez de la noche, le dijo a su tía que tenía hambre y que iría a la tienda, entonces, Angélica le encargó: “Compré unos panes y un quesito”.  

Transcurrieron unos minutos y Luisa aún no llegaba. Diana, una prima que había llegado poco tiempo después de que se fuera para la tienda, y su tía Angélica se preocuparon por la demora y salieron a buscarla. Todo estaba solo. A unos pasos de la casa, encontraron tirado lo que Luisa había comprado, lo cual generó intriga y desesperación en Angélica, quien le preguntó a Diana: “¿Dónde estará esta muchacha?”. Al instante, llamaron a sus padres, que vivían a unas cuadras. El padre recibió la llamada y, junto a Luz, fueron a buscar a su hija. Con angustia, llamaron a las amigas, al novio y a otros miembros de la familia, pero nadie sabía nada. “Yo presentía algo malo”, recuerda la madre.

“Yo, ese miércoles, le dije: ‘Luisa váyase pa’ su casa, usted debería estar con su mamá’, y yo estaba hablando con Higinio (tío de Luisa), pues yo sentía una angustia, una tristeza, entonces, le dije: ‘No, flaco, es que Luisa debería irse pa’ la casa, qué pesar ella por acá’, pues claro que ella se amañaba acá y no le faltaba nada, pero igual”, relata Angélica.

Periodista.

 María Alejandra Montoya Sánchez, segundo semestre de comunicación social. 

Edición 39