Aquel diciembre

Mariana Herrera Arango

Era un 24 de diciembre de 1984, cuando tenían la edad de 10 y 7 años, Andrés, un niño de tez blanca, alto y delgado y su hermano, Julián, de tez morena, de estatura promedio y algo robusto, estaban preparados para salir hacia la casa de sus tías que vivían en el barrio Pachelly. Ambos estaban vestidos casi iguales, con pantalón y camisa, pero colores diferentes, Andrés de azul y Julián de amarillo, y las prendas, fabricadas de una suave tela de algodón, ese era su estrén. ­­­­—Estaban tan lindos ese día, los dos vestiditos iguales— dice su madre, Dobelia, con una luz única en sus ojos y con la sensación de alegría al recordar aquel día y luego con algo de ese enojo icónico de las mamás recordando que aquel día se tornó algo trágico.

La llegada del globo:

En Colombia, se celebra el 24 de diciembre, que es navidad y juntos en familia esperan la llegada del Niño Dios que es a las 12:00m. En los años 80´s y hasta hace poco, era muy tradicional elevar globos al aire en el día de navidad, porque se cree que estos globos atraen la buena suerte y la prosperidad, y que en cada casa tiraran pólvora, eran navidades muy alegres. Pero eso ha ido cambiando, ya no es permitido por diferentes situaciones ambientales. 

El caso, es que el 24 de diciembre que les mencioné anteriormente, Andrés y Julián vieron un globo que se aproximaba a ellos en horas de la tarde, ya casi cayendo la noche y se veía próximo a caer cerca de su casa, dónde había una manga muy famosa en ese entonces.

Eran muchas hectáreas de pasto, un lugar bastante grande la verdad, donde los niños iban a jugar todos los días la lleva o chucha escondidijo. El globo calló y todos los niños de la cuadra corrieron hacia él incluidos Andrés y Julián. Todos corrieron como si ese globo de color blanco, fuera un gran algodón de azúcar cayendo del cielo. Andrés, que era el mayor, corrió, pero decidió no acercarse tanto, pues él ya era más consciente de que las acciones pueden traer consecuencias, pero Julián, Julián corrió hasta el globo como si no hubiese un mañana, se adentró hasta que tocó el delicioso algodón de azúcar, hasta que sintió cada partícula de él (cabe aclarar que en la manga que les mencioné no había luces). Todos los niños querían un pedazo de ese delicioso algodón de azúcar y empezaron a rasgar y a destrozar el globo hasta que cada uno de ellos quedara con su trozo.

Periodista.

 Mariana Herrera Arango, segundo semestre de comunicación social. 

Edición 39