Bajo la gloria de un sol de fuego

Jonathan Camilo Cuartas Sánchez

El 24 de noviembre del 2016 viajé con mis papás a Coveñas, en el departamento de Sucre, a unos 530 km aproximadamente desde Medellín, Antioquia. Fuimos para asistir a la ceremonia de Juramento de Bandera de mi hermano Joan Cuartas, que iba a prestar su servicio militar en la Armada Nacional. La ceremonia y donde mi hermano se preparaba era en la Base de entrenamiento de Infantería de Marina, uno de los centros de formación más importantes sobre los que recae la seguridad del país en el mar Caribe.

El viaje inició desde Amagá, mi pueblo y el de mi familia, hacia la terminal del norte de Medellín; llegamos al mediodía y después partimos para Coveñas a las cuatro de la tarde. La primera parada que hizo el Coche Bala en el que íbamos fue en Santa Rosa de Osos a eso de las seis, el frío nos apretujó en el parador de Santa Rosa y no nos fuimos de allí sin antes comernos el pandequeso tradicional, con la cuajada y el chocolate caliente que nos recompuso el semblante. Reiniciamos el viaje y nos detuvimos más tarde en Caucasia; la parada fue rápida y ahí ya se percibía un ambiente más cálido. Aquí no hubo nada que probar, solamente comimos algo ligero para no espantar el sueño y retomamos el viaje hasta Coveñas, que fueron alrededor de 4 horas, pero el sueño convirtió esas 4 horas de viaje que faltaban en un instante.

 

En la madrugada del día 25 llegamos al hotel Villa del Mar de Coveñas, nos instalamos en la habitación, descansamos unos minutos de las 10 horas de travesía y mientras tanto mi papá, Edgar Cuartas, planeaba la salida hacia el Batallón. Eran casi las cuatro de la mañana y la Jura de Bandera comenzaba a las siete.

–Lavémonos la cara, nos cepillamos y nos vamos, porque seguro allá debe haber mucha gente –dijo mi papá con afán en ese momento.

Por su parte, Adriana Sánchez, mi mamá, se veía tranquila, pero desde el inicio del viaje estaba bastante ansiosa, aunque en ese momento no se le notara por el cansancio, el trasnocho y el cambio brusco de clima. Lo primero que habíamos percibido al bajarnos del bus fue un calor intenso que emergía del suelo, nos apretujaba más que el frío en Santa Rosa de Osos, y desde arriba llegaban ventarrones de aire cálido que nos afligían con más fuerza. Lo peor fue cuando, siguiendo la instrucción de mi papá, nos fuimos a lavar la cara y el agua del lavamanos y de la ducha salía tibia, cuando la llave indicaba que debería salir fría. En ese momento me sentía en el infierno, sin alternativa y con un gran sentimiento de desesperación. Pero es un infierno al que me gustaría volver, como muchos otros lo hacen, porque de todas formas la parte buena del viaje aún no había sucedido.

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Periodista.

 Jonathan Camilo Cuartas Sánchez, segundo semestre de comunicación social.

Edición 39