Desconcierto en sala de urgencias

Rosana Gutiérrez Gutiérrez

Diciembre es el mes que muchas familias colombianas esperan con ansias y que reciben con mucha felicidad, porque es el último del año. Sin embargo, en celebraciones importantes como las correspondientes al 24 y 31 de diciembre pueden ocurrir sucesos
inesperados que le dan un giro de 180° grados a la vida de cualquier persona.

El portero, un hombre bajo y regordete estaba sentado al lado de la puerta, en silencio, pidiendo que aquella noche no se complicara más, pero como suele pasar en esta vida, no todo sale como se espera y minutos más tarde la puerta que él vigilaba empezó a ser golpeada violentamente sacando al portero de su trance; a lo que este abrió la pequeña rejilla para ver cuál era la desesperación.

 

Al otro lado se encontraba una señora, de estatura promedio,
cabello largo y ojos escandalizados pidiendo ayuda, su hermano, un hombre gordo, bajo y con un bigote similar al de Hitler parecía que ya tenía un pie en el otro lado.
Con desesperación el portero abrió la puerta y empezó a interrogar a aquel paciente, repentinamente gritó para que un enfermero le trajera una camilla y subieron a aquel hombre. Este fue llevado hacia la sala de urgencias, pasando por alto a todas aquellas personas que llevaban esperando horas para ser atendidos. Si las miradas mataran definitivamente el pobre portero estaría muerto, todas aquellas personas en la sala de espera lo miraban como si fueran a golpearlo hasta la muerte, incluso algunos se levantaron y caminaron en su dirección. El hombre soltó un suspiro preparándose para lo que venía, ya estaba acostumbrado a que todos se desquitaran con él.

Periodista.

Rosana Gutiérrez Gutiérrez, segundo semestre de comunicación social.

Edición 39