El zoológico de los animales tristes

Jesús David Trejos Betancur

Cuando uno piensa en ir al zoológico lo que llega a su mente es una enorme variedad de animales y seres que solo se han conocido por el álbum de historia natural de las chocolatinas, o quizá por los programas de televisión como las películas o algunos documentales.

 En mi caso yo quería recordar viejos tiempos, esos cuando era niño y visitar el zoológico era una de las aventuras más emocionantes que compartía varias veces al año con mi papá y que realmente me llenaban de alegría y plasmaba los sueños de ver ese mundo fantástico que la pantalla chica me había mostrado y que yo no podía dejar a un lado; esas cuando las ansias no me dejaban dormir el día anterior a la salida y mi mamá me decía “si no se duerme no hay paseo”.

No sé si fue por este motivo, tal vez por la nostalgia o por las

 

 añoranzas de esos primeros años, que decidí ir a ver lo que eran estos recuerdos de mi infancia; me puse mis audífonos, conté unas cuantas monedas para mi pasaje, tomé mi morral y emprendí mi rumbo hacia el zoológico.

La realidad

El zoológico Santa Fe se encuentra ubicado en la ciudad de Medellín, a unos 10 minutos caminando desde la estación industriales del metro y cercano al conocido barrio Antioquia. Bajé del metro y como si fuera instinto empecé a caminar al sur. Cruce dos semáforos y llegue a un gran mural donde cada sección tenía diferentes animales pintados, ahí junto a la acera y una ciclovía. Mis pies no estaban cansados, mientras más cerca estaba más recuerdos llegaban a mi mente, y sin darme cuenta ya estaba parado frente a la taquilla, una pequeña ventana donde una mujer vendía fichos de felicidad que combinaban con el olor a crispetas dulces de los vendedores ambulantes

Periodista.

Jesús David Trejos Betancur, segundo semestre de comunicación social.

Edición 39