La realidad del fútbol juvenil durante la crisis del COVID-19

Mariana Ríos Ochoa

En Antioquia alrededor de 1.600 jóvenes que estaban participando en la Liga Antioqueña de Fútbol, en las categorías Sub 20, 21 y 22, están en problemas por la pandemia, ya que debieron suspender tanto los entrenamientos como las competencias, lo que trajo como principal consecuencia, para cientos de ellos, el aplazamiento o el adiós a su principal sueño: el debut en el balompié profesional colombiano.

Para nadie es un secreto que la pandemia, originada por el COVID-19, ha afectado la vida de todos, y los jóvenes futbolistas no son la excepción, pues no solo tuvieron que suspender cinco meses sus entrenamientos, sino que también se encontraron de frente con el temor y la incertidumbre de su futuro profesional, debido a que aún no inician las competencias. Esto es lo que en la actualidad viven los jugadores de las categorías sub 20, 21 y 22 en Antioquia, quienes estaban preparados para enfrentar este año al momento crucial de su carrera: lograr llegar a un equipo del fútbol profesional colombiano, pues están en la edad decisiva para ese objetivo, según los técnicos de estas categorías.

En Antioquia, estas categorías tienen 64 equipos, que retomaron su competencia en la liga el 31 de octubre, la cual, antes de la contingencia, llevaba tres fechas disputadas. De estos 64 equipos, son pocos los clubes, como Atlético Nacional y Águilas Doradas de Rionegro, que tenían el presupuesto para pagarle a estos jugadores. Todo lo contrario, a equipos como el Club 

Deportivo Real Santuario,  que solo pudo brindarle el servicio de casa hogar y psicología a los jugadores.

La llamada “vejez”, una crisis del fútbol profesional

En Colombia, la edad promedio de debut en el fútbol profesional está entre los 18 y los 20 años.  Lo anterior se evidencia en las plantillas de los equipos profesionales; por ende, para los directivos y empresarios se convirtió en costumbre buscar jugadores menores, inclusive de forma fraudulenta, como lo expuso Edison Cortés, exdirigente de las divisiones menores de Independiente Santa Fe, en el portal web el libre pensador en el año 2018.

Por su parte, Óscar Pérez Carrillo, ex directivo del Real Cartagena y hoy empresario de futbolistas, expresó que “los equipos profesionales en Colombia no se han dado cuenta de que un jugador madura a los 20 años de edad, o más, y no tiene ninguna dificultad en debutar a esta edad”.  Un ejemplo claro es el jugador profesional Daniel Muñoz, quien debutó con Águilas Doradas de Rionegro en el 2017, a sus 21 años de edad.

Sin embargo, para Willer Valencia Escobar, director técnico del Club Deportivo Real Santuario y ex jugador de fútbol profesional, “un jugador no tiene una edad límite para debutar. Yo debuté a los 23 años y esto no fue impedimento; lo que frena a un jugador son las faltas de oportunidades”. Pero Óscar Pérez insiste en que más que los jugadores, son los directivos los que hacen pensar que un jugador a sus 20 años ya está viejo.

 

Por lo anterior, Valencia explica que la pandemia debe abrir una puerta para que los directivos del  fútbol colombiano hagan un alto en el camino y revisen el panorama actual de las categorías menores, porque al fútbol colombiano le hace daño poner límite de edades.

Sueños en pausa

Estos jóvenes tuvieron que quitarse sus guayos y archivarlos durante la pandemia con preocupación y con una incógnita sobre su futuro. Como lo manifiesta el joven Luis Jiménez Sotelo, jugador de la categoría sub 21, “ahora que ya se reactivaron las ligas y torneos debemos dar aún más de lo que teníamos pensado, ya que se acorta el tiempo”.

Como todo ser humano, el futbolista, ante dicha pandemia, ha dejado en evidencia sus miedos, impotencia, cambios emocionales, ansiedad, estrés, incertidumbre y en ocasiones ideas de desesperanza, debido a la falta de soluciones inmediatas ante dicho flagelo y la frustración se ha abierto paso. “No dejo de pensar que vienen unas categorías inferiores, jóvenes y con mucho talento, la desesperación aumenta y a veces vemos la luz, pero de la nada llega la oscuridad a recordarnos que no va hacer fácil”, explica Luis.

El psicólogo Fray Antonio Atencia Ariza analiza que en la vida de estos futbolistas apareció un fantasma llamado “desmotivación temporal”, 

por el cual, además, “han presentado muchas dificultades emocionales, crisis de ansiedad, desórdenes alimenticios, pérdida de motricidad, aumento de peso, insomnios y otras cosas que han afectado la salud mental y física del jugador”, sostiene Atencia.

Estos juveniles han tenido apoyo por medio de sus equipos y más ahora que su tiempo para el debut profesional se acorta, así lo manifestó Osneider Herrera Mosquera, jugador de la categoría sub 22, los equipos han estado buscando dónde vender a sus jugadores, ya sea en un equipo de primera o segunda división en Colombia, o en casos como en el equipo Real Santuario donde él se encuentra actualmente.

El proceso de retomar las ligas y las competencias es un desafío, ya que, a pesar de que los jugadores vienen de entrenar desde sus casas, la actividad física que se hace en una cancha es más rigurosa dada la supervisión del preparador físico y director técnico.  Willer Valencia día a día les pide a sus pupilos compromiso y sacrificio, actitudes que Osneider Herrera y Luis Jiménez, quienes pertenecen a su equipo, están dispuestos a asumir. Ambos deportistas manifestaron que no visitarán a sus familias durante meses, quizás un año, con tal de terminar las competencias y mostrarse ante un equipo de primera categoría, con el fin de cumplir el sueño de llegar al fútbol profesional colombiano.

Periodista

 Mariana Ríos Ochoa, cuarto semestre de comunicación social

Edición 39