La luz al final del túnel

José Gabriel Molina Buitrago

El lugar en el que se encontraba estaba rodeado de tinieblas, tan frías como el aliento de un fantasma, parecía la viva imagen de la desesperación, no había una
entrada, pero sí una salida a lo lejos, tal vez a unos doscientos metros, se podía distinguir una pequeña luz blanca, bastante débil, pero totalmente llamativa en
aquel paraje oscuro. El joven que se encontraba en aquel lugar sentía un fuerte desasosiego en lo más profundo de su ser: – ¿por qué estoy en este lugar?, ¿dónde está todo el mundo?, se preguntaba. 

Tenía las manos sudorosas, un fuerte dolor abdominal y estaba aturdido por alguna razón. 

 

 Lo único que entendía era que una luz estaba frente a él y parecía llamarlo. Sin tener el control total de su cuerpo comenzó a caminar casi sin equilibrio hacia aquel punto y conforme avanzaba recordaba sucesos algo desagradables que al parecer le habían ocurrido, cada uno más tormentoso que el anterior.  

Cuando se encontraba a
menos de veinte pasos de la luz llegó a su mente uno muy desgarrador: – ¡No, ese no puedo ser yo, es imposible! ¿Cómo puede haber hecho eso? ¿Dónde quedaron todos mis sueños, los viajes que quería hacer, mis ganas de salir adelante? Por qué deje a mi familia? Totalmente desesperado frenó en seco y comprendió que
esa lucecita era la temida luz al final del túnel.

Periodista.

 José Gabriel Molina, segundo semestre de comunicación social.