Incondicional 


Valentina Betancur Ramírez


Mobirise

Era el año 2019, el primer mes del año, Francisco comenzó a tener un comportamiento inusual, estaba muy efusivo y hacía muchas bromas pesadas, estuvo así casi el año entero, pero nunca tuvimos problemas tan serios, creí que solo era espontáneo. Luego en octubre la situación empezó a complicarse, comenzó a actuar de manera exagerada, la primer semana del mes pidió un machete prestado en la portería, hacía bromas pesadas a personas que no conocía, recuerdo que se fue a un bosque de Guaduas y con el machete que pidió prestado empezó a cortar esas Guaduas, decía que haría un procesador de energía. Quería comprar 100 bicicletas, iba a caminando hasta lugares fuera de Medellín, cuando vi ese comportamiento llame a la médica de cabecera, ella lo médica a hace 3 años, le pedimos asesoría y ella me dijo que le comprara aun más medicamentos, cuando se los di el solo pudo dormir una hora y estaba muy desorientado.

Decidí llevarlo a urgencias, era el 27 de octubre del 2019, para mi fue muy duro verlo ahí en urgencias, era mi esposo, fue muy difícil verlo inconsciente de las cosas que decía, seguía diciendo cosas sin sentido, sentía que mi corazón se partía viéndolo y escuchándolo así. La nueva médica nos remitió a un psiquiatra, al llegar ya eran las 9 de la mañana del otro día, cuando lo atendieron nos pusieron a esperar. Pasamos toda la tarde y la noche en una silla plástica en los pasillos del hospital, donde había toda clase de enfermos, fue impactante ver eso para mí, pero no podía abandonarlo, no quería dejarlo ahí solo, recuerdo estar sentada junto a un chico con la cara desfigurada, ver todo eso era nuevo para mí, estaba cansada pero tenía que seguir despierta, tenía que cuidarlo, pase la noche sosteniendo lo para que no se cayera de la silla.

Me sentía intranquila, mi preocupación era dividida, estaba en el hospital con el amor de mi vida, pero mis hijitas estaban solas en casa, no sabía qué hacer, estaba triste y nerviosa. Al otro día atendieron a mi esposo, el psiquiatra me llamó a solas. Me explicó que eso le pasaba por mala administración de medicamentos, los que le había mandado desde hace más de dos años la médica de cabecera de él, me dijo que mi esposo tenía una sobredosis diaria, se le había generado un trastorno bipolar, después de eso lo medicaron nuevamente, pero esta vez para controlar estos estados extremos de ánimo que empezó a manejar, así que lo hospitalizaron, pedí que me lo dejaran llevar a la casa, no podía dejarlo ahí solo, en un frío hospital sin nadie que lo amara cuidando de él, me comprometí con el médico a que permanecería a su lado en cada momento de la hospitalización en casa.

Llegamos a nuestro hogar, los 30 días no nos separamos, salíamos a caminar juntos a diario, íbamos a bancos y a muchos lugares, el seguía teniendo esos pensamientos extraños, pero esta vez no iba a hacer esas actividades solo, yo iba a encargarme de él, lo cuidaría a cada paso, fue muy duro, estaba temperamental, nunca lo había visto así, lo sostenía todo el tiempo de la mano. A él tiempo empezó a estar un poco mejor.
Ha sido un proceso muy difícil, es no poderle confiar casi nada, quiero cuidar su salud mental, debo asumir la responsabilidad emocional de la casa, le brindó mi atención y estoy pendiente de sus medicamentos, es el amor de mi vida, lo que he compartido con él siempre es bello, buscamos siempre las alternativas a las dificultades juntos, mientras mi esposo me necesite yo voy a estar ahí, para mi el amor es querer el bienestar de otro, sin ningún interés, yo lo amo, me preocupo por el, solo quiero su bien, y se que de esta crisis saldremos juntos, de la mano.   

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