Un refugio en llamas

Isabella Rodríguez Duque

Es un domingo de marzo. Abuelos, nietos, tíos y sobrinos van llegando a una de sus casas para festejar el cumpleaños de alguno de ellos. Mientras los niños corren y hacen escuchar sus risas, hay quienes hablan del virus que hasta entonces sonaba como una enfermedad entre tantas de las que había que cuidarse, sin saber que el beso de despedida de aquel día iba a ser el último en muchos meses tras detonarse la pandemia del COVID 19 en el país. Sin embargo, el reencuentro se veía más lejano cuando un incendio los reunió al consumir la casa que había visto crecer a tres generaciones. Ahí comenzó la historia…

Los habitantes de Manizales, la ciudad de las puertas abiertas, se resguardaban en sus hogares con las puertas cerradas, para que el virus no llegara a visitarlos. Hacía varios meses que José Ignacio Duque y Martha Cecilia Henao no compartían más que con su hijo Sebastián, con quien vivían; y la tristeza de la distancia con sus demás hijos, nietos y familia comenzaba a marcarse.

Entonces, con guitarra en mano, máquina de coser y algunas prendas de ropa,

 

 

decidieron continuar la cuarentena estricta en casa de Francia, su tercera hija, quien, a excepción de los demás miembros de la familia, vivía fuera del barrio.

La Enea es un barrio grande y la familia es numerosa. La casa de los abuelos es central, cerca de la avenida y los supermercados. Paula, la hija mayor, vive en uno de los extremos del barrio, en los sectores aledaños a la estación de bomberos. Un poco más cerca vive Liliana, la segunda hija. Frente a la casa de fachada verde menta e interior de madera de los abuelos vive Vanessa, la nieta. Y algunas calles detrás vive Julián, uno de los hijos menores. Todos ellos viven con su esposo, o esposa y a excepción de Liliana, con sus hijos.     

En las casas de la familia los olores se mezclaban con un presagio doloroso. Paula, terminaba de servir el almuerzo y sentarse a la mesa con su esposo y sus hijos cuando escuchó la sirena “¡Ay, Dios mío! ¡qué pasaría!” recuerda haber pensado, lejos de imaginar que el destino del cuerpo de bomberos era la casa que cuarenta años atrás había elegido junto a sus padres. Sebastián recuerda que fue un miércoles, y algunos de sus hermanos precisan la fecha, 10 de junio.

Periodista.

Isabella Rodríguez Duque, segundo semestre de comunicación social. 

Edición 39