Una mujer más fuerte que su propia realidad

Nadir Santiago Parra Arroyave

Muchas veces no somos conscientes de las líneas imaginarias que hay en nuestra sociedad, estas líneas son las que nos permiten experimentar mundos totalmente distintos, a veces injustos, pero 100% reales. Realidad que sin duda alguna hace pensar que cuando cae la noche y el frío en nuestra ciudad, puede ser un sinónimo de diversión o descanso para las personas que hemos nacido con suerte de tener como pagar una vivienda, alimentos y tener demasiadas oportunidades para salir adelante.

Por otro lado, están aquellas personas que su mundo y supervivencia depende solamente de ellos, que no tienen unas buenas bases y además no tienen el apoyo y las oportunidades, aquellos sujetos que sus noches son mucho más largas y oscuras, noches donde empieza su dura pesadilla.

Para entender la vida de aquellas personas que están “excluidas” decidí entrar a la plaza de mercado de Manizales “La Galería”, un lugar lleno de esperanza y sueños pero que sigue marcado por las pocas posibilidades de estudio, drogadicción, prostitución y ventas legales y/o ilegales.

Todo un paisaje que puede asustar, pero que a la vez ayuda a entender como es el ambiente de esa sociedad,

 

la cual se puede decir que ha pasado más por malos que por buenos momentos, pero que independientemente de sus hazañas en aquel lugar, aman La Galería y le agradecen por lo poco o mucho que les ha brindado. Antes de comenzar quiero aclarar que los nombre que se usaran en el texto, son seudónimos para la confidencialidad de la fuente.

Entre locales de frutas y verduras con personas que se les notaba el esfuerzo, en sus manos negras, caras manchadas, jóvenes con su porrito de marihuana, mujeres con faldas y mallas esperando a sus clientes, basura en cada esquina, habitantes de calle pidiendo comida, personas borrachas, etc. Y frases como “llévelo, llévelo”, “Sí hay mango”, “A la orden mono, ¿Qué va a llevar?”, “Papa de la buena”.

Llegué a mi destino, el negocio de doña Martha, un negocio con muy poca inversión y demasiado esmero, esto se puede notar con su manta en la calle y encima las pilas de tomate, cebolla, papa criolla y piña. En su cabeza no cabe la idea de arreglar la parte estética de su negocio, no le interesa si tiene o no una estantería de color plateado para poder organizar mejor sus alimentos. Doña Martha tiene otras prioridades, como tener una aguapanela con arroz para ella y su hijo Miguel, o velar por la seguridad de ella y sus hijos (así no vivan con ella).

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Periodista.

Nadir Santiago Parra Arroyave, segundo semestre de comunicación social.

Edición 39